Nos contaron después, en los 50, cuando el pueblo ya era algo que se había metido en todo, que eran hartas las ovejas, que las cuidaban tanto, que después de las esquilas las bañaban y las llevaban a las pampas por semanas, que había tantos arreos, tantos troperos con perros y pilcheros que avanzaban por el páramo. Las ovejas no eran tan nuestras como pensábamos, sino un burdo negociado de concesionarios que la pasaron harto bien después de todo.
Gloria y Alejandro Gutiérrez Andrade parecen pertenecer ya a un suelto de olvidos del Coyhaique solo, montaña arriba por sitios que hoy están plagados de calles y tejidos urbanos de grandes dimensiones. Ella nació en Quirihue, cuando su padre se manejaba por esos lugares, antes de que fuera Director del Hospital Siquiátrico de Santiago. Su padre era médico y se llamaba Alejandro Gutiérrez.

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