Ir al contenido principal

Esas ovejas no eran ayseninas



Nos contaron después, en los 50, cuando el pueblo ya era algo que se había metido en todo, que eran hartas las ovejas, que las cuidaban tanto, que después de las esquilas las bañaban y las llevaban a las pampas por semanas, que había tantos arreos, tantos troperos con perros y pilcheros que avanzaban por el páramo. Las ovejas no eran tan nuestras como pensábamos, sino un burdo negociado de concesionarios que la pasaron harto bien después de todo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Augusto Grosse, el silencio de los tesoros

La vida coyhaiquemente

  Volví a ir después de muchos años a la tierra natal, en un regreso silencioso, con graznidos de gansos y avutardas en los patios, y la campiña avanzando hacia atrás como un diario de vida que se lee desde el final.

Las alegres buxifolias de la tarde

Qué tal si los pasos se van al encuentro de La Zaranda, donde cerca de ahí, la Villa Amengual y la carretera se adentran en la selva húmeda en la mañana. Qué tal si imito de una vez o una voz el trino insolente del chucao de alas mojadas, o al arrebato del retumbar de las cascadas, Y si saludo al tropero, y le salgo al encuentro de los pangues que por ahí nombro l as alegres buxifolias de la tarde y me quedo quieto, imaginando que por esos lados campeaban los de antes, tan solos, tan valientes, tan sanos, con su pechera adelante, y el facón esperando fulgurante cerca de los bastos.