Protejo el alma florida, de quizás cuántos otros que anduvieron tanto, y aferrados a su precaución, nadaron, corrieron, volaron... A veces, un tañido, otros péndulos que vibran cercanos. Mientras tanto, la mano nunca tembló, no salió sin entrar, no volvió si no estabas. Al oído suenan caracolas de río adheridas a las espinas. Creo en lo siguiente, busco lo que fue. Sal, furia desbandada. Vete ya.
El espacio entre el canto de la lluvia y el corazón de los que llegaron primero, estará siempre vivo aquí y ahora.

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