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Coyhaique interpretado en 1950




Me encuentro en un año 56 transido por el invierno vehemente y los obreros municipales tratando inútilmente de volver a parar postes de alumbrado caídos por las últimas nevazones. Bajo dos metros de nieve blanda yacen enterrados seis postes en Ignacio Serrano esquina Bilbao. 

La gente que transita por ahí lo hace con mucha precaución, en silencio, transidos de presagios. Pasan fumando silenciosos transeúntes, se levanta el vaho de la boca por el aire frío.

Compungidos comerciantes minoristas anuncian que la semana próxima llegarían por el primer vapor un valioso cargamento de azúcar a la ciudad, poniendo fin a la gran escasez del vital elemento desde un mes a la fecha. 

En el hogar formado por Olegario Mansilla y esposa Antonia nace el fin  de semana un robusto varoncito. Mientras tanto, completamente restablecido regresa de Santiago el funcionario de Investigaciones Carlos Hidalgo Jurado y desde Comodoro Rivadavia llega sin novedades Salvador Hernáez, pero está delicado de salud don Alberto Brautigam y sigue en leve mejoría el doctor Hernán León. 


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Me llamo Balsindo Osses. Nací una noche de hielo y viento en lo más profundo de la selva de Río Los Palos. El único chonchón que quedaba, se había consumido en la tarde. Por eso, el parto ocurrió en la más completa oscuridad. Al otro día los camperos del lugar llegaron a compartir la buena nueva, entre asados de vaquillona joven y música de rancheras de los hermanos Raín, que se ganaban la vida cantando.