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Las agüitas de mi tierra



LA PILETA DE LOS SESENTA.- Y si a alguno de nosotros, los de ese tiempo del sesenta, se le ocurre subir hasta el alto de piedra laja, cerrar los ojos y recordar... Las agüitas de mi tierra, congeladas y solas.

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Las alegres buxifolias de la tarde

Qué tal si los pasos se van al encuentro de La Zaranda, donde cerca de ahí, la Villa Amengual y la carretera se adentran en la selva húmeda en la mañana. Qué tal si imito de una vez o una voz el trino insolente del chucao de alas mojadas, o al arrebato del retumbar de las cascadas, Y si saludo al tropero, y le salgo al encuentro de los pangues que por ahí nombro l as alegres buxifolias de la tarde y me quedo quieto, imaginando que por esos lados campeaban los de antes, tan solos, tan valientes, tan sanos, con su pechera adelante, y el facón esperando fulgurante cerca de los bastos.