Ir al contenido principal

Quién puso ese jeep ahí!!


Quién puso al medio de la calle ese jeep! Las costumbres de la primera época de 1954, cuando Coyhaique iba creciendo con la construcción de casas, servicios públicos y la gente se esmeraba en quedarse escondida detrás de las cocinas a leña, esperando que escampen las nevadas. Era un canto de gloria, una sensación distinta a hoy, un camino hacia ninguna parte que sólo aguantaban los valientes. En esa esquina, la librería Mackay, la librería Casas, que eran la misma librería, en la esquina de Condell, frente a la plaza.Más allá, la casa de la arquitectura y pareciera verse al costado la recordada casa de la subdelegación. Y entre todo eso, los arbolitos y sus guías de palos con forma triangular. El vehículo era de don Salvador Hernáez.
 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Heraclio del Campo, un verdadero caballero de nuestras fundaciones.

Una de las primeras experiencias comunicativas que me ha correspondido producir en mis intentos de proyectar los sucesos de nuestras aisladas historias comunitarias, ha  estado relacionada con los  minuciosos detalles de la fundación de Coyhaique, para lo cual he consultado gran cantidad de fuentes, y me he contactado con sus arranques y nacimientos, pudiendo interpretar generosamente en un vuelo alto y sincero, todos estos acontecimientos que nos unen. 

Manuel Regular, tropero viejo de la Patagonia

Juan Manuel Regular apareció por primera vez en la vida dentro de una imagen de hombre tratando de aquietar unos caballos en el predio de Feliciano Echevarría viejo. Luego me contaron sobre él como si fuera una persona muy acreditada y extremadamente admirable, como tropero de confianza del distinguido pionero. Al año siguiente de haberlo descubierto en las fotos, en la panadería de don Chano de la calle Bilbao, le fui a conocer a su casa alentado por su hijo que nos escuchaba en los programas gauchos de la radio. Vivía en calle Brasil, población Marchant. Y me contó su vida de un solo tirón.

Vaga una cárcel de palabras acalladas

Vaga una cárcel de palabras acalladas, vientos breves por los que se filtra la vida misma. Me encuentro en un año 56 transido por el invierno vehemente y los obreros municipales tratando inútilmente de volver a parar postes de alumbrado caídos por las últimas nevazones. Bajo dos metros de nieve blanda yacen enterrados seis postes en Ignacio Serrano esquina Bilbao. La gente que transita por ahí lo hace con mucha precaución, en silencio, transidos de presagios. Algunos pasan fumando, se levanta el vaho de la boca por el aire frío.