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Balmaceda, la más antigua de Aysén

Localidad de Balmaceda - Comuna de Coyhaique - Aysén - Chile


Balmaceda fue fundada en 1917 y su primer núcleo de poblamiento se emplazó junto al río Oscuro, en una disposición circular, al estilo defensivo de los carromatos en la época de los westerns norteamericanos. La idea, implantada por el Generalísimo de las Fuerzas del Sur, don Antolín Silva Ormeño, fue hacer que los primeros vecinos se sintieran protegidos de los ataques a mansalva de bandoleros y matreros que pululaban por aquellos años en la pampa balmacedina. 

Es comentado el hecho de que Silva se había instalado en Lago Blanco con su boliche, al que puso el nombre de Polo Sur, y al que acudían muchos troperos y jinetes, caminantes y avanzadores, los que se quedaban ahí en torno a su estufa Volcán comentando los hechos de la semana y fumando caporal en torno a las ruedas del mate amargo. Fue en ese lugar que se pensó la fundación de un poblado con mínimas características de urbanización. Y fue el generalísimo, con estudios básicos de topografía, quien ideó las manzanas y las primeras calles, mensurando con cordeles y lazos los primeros emplazamientos, desde luego, sin olvidar la primera plaza, el tímido centro cívico que abría las manos al coironal raleado.

Antes de la fundación oficial, ya habían vivientes buscando posiciones en el espacio. En 1914 se integraban varios ciudadanos a una razonable iniciativa bajo el nombre de Comité pro-Provincia de Aysén, que presidía don Adolfo Valdebenito, Juez de Subdelegación, junto a los vecinos Juan Aguilar, Nicanor Schoenfeldt, Arsenio Melo y Moisés Bravo. Dos años más tarde aparecen los ciudadanos Josefina Elena Méndez, una de las primeras profesoras junto con sus tres hijos; Sixto Echaveguren, que posteriormente se constituiría en un virtual primer banco ganadero del territorio; Blanca Flor Espina, Dumecilda Medina; Hermann Finke, ciudadano alemán , primer contador del poblado. Salomón Farah Dibb, el herrero, llega con tropillas acompañando a Segundo Aravena. Juan Ramón Contreras, el primer carpintero y sepulturero; Alfredo Mascareño con su primer hotel; Timoteo Jara, comerciante; Ali Haida, panadero; Emilio Cano, quien transita por Argentina con sus viejos camiones; Pedro Sellán, Máximo Kant, Julio Chible Daas, primer pulpero oficial del pueblo, Carlos Asi, comerciante principalísimo, José Pérez Tallem con un boliche llamado La Confianza Siria, don Mercedes Jalife, don Federico Peede von Bischofhausen, quien le arrienda campo a Sandalio Bórquez.

Y mientras don Federico comenzaba su fecunda labor de ganadero progresista, con una producción lanar envidiable y manejando chatas hacia Lago Blanco y las estancias aledañas, en lontananza se escuchan los ritmos de rancheras que arrancan de las noches de beneficios en el Club de los Socios de Balmaceda, llamado Internacional. Es ahí donde los gauchos pasan a quedarse para la diversión y el relajo, mientras la vida social se desenvuelve intensamente en medio de una atmósfera de emociones y crecimientos. Don Alfredo Mascareño en su hotel tiene que vérselas con bandoleraje, siendo uno de los pocos a los que respetan. Desfilan por el recuerdo los nombres de los buscas y matreros: Galván, Gorra de Mono, Eric Barnes, Reinoso, el Zurdo Contreras, Pan y Agua, Diente de Oro, el Rubio de la Pera. Los presos son detenidos cuando hay excesos irremediables y los llevan a la casa particular de José Pérez, convertida en calabozo ocasional. En aquel lugar vive el Juez Guillermo Arrocet, llegado de Puerto Montt.

Dirige don Avelino Ehijos sus grandes chatas desde la Elida o Huemules, pasando por la Nicolasa, rumbo a Río Mayo. El padre adoptivo de José Pérez es un héroe de la Guerra del Pacífico, avecindado ya en Balmaceda. Se llama Simón Salazar. Una nohe tocan a su puerta y va a abrir. Una daga le deja los intestinos en el suelo. Don Simón es el precursor de las bandas de música en el poblado, cuando doña Dume Medina prepara números artísticos con sus niños en la garita vieja de la primera plaza. Se unen los nombres silenciosos de los balmacedinos originales: Juan Fernández, Ramón Laibe, Salmen Chaveldín, Said Corball, Jacinto Ali, José Abraham Asmutt, Juan Hamer, Pedro Castillo, Gregorio Jara, el político Rodríguez, Amador Cifuentes, Juan Fuentes, los Domke, Abraham Chible de Badda, Damasco. 

Balmaceda renace con sus nombres primeros. La historia comienza ahí y se alarga a través de la memoria.


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