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Coyhaique, cines y circos

Olivia de Havilland: heredera de un mundo | Cultura | EL PAÍS

Los cines, azuzados por la inercia del invierno y el llamado a renovar energías en un salón pequeño para el ávido público, exhibían aquel invierno en funciones de matinée, vermouth y noche las películas del instante. Mientras el Colón llamaba a la gente a presenciar La Venganza del Huérfano, con Olivia de Havilland y Frederic March, el Rex exhibía a tablero vuelto Agonía de Amor, protagonizada por Gregory Peck y Ann Todd. 

Ambos cines, cuidadosos de su taquilla muy bien ganada, sumaban agregados y seriales a sus programaciones, sin descuidar la constante calefacción que invitaba a entrar y permanecer un par de horas alejados del mundo real. A estos espectáculos se sumaban otros, como la presencia en aquel mismo mes de junio de 1957 del Circo Rex de actuaciones internacionales, con una estadía que se convertía en un éxito sin precedentes, y un  sacrificado grupo de artistas que llegaban en las bodegas de los barcos soportando frío y privaciones.. La inolvidable compañía que nos visitaba durante aquel invierno estaba compuesta por los payasos Cogotín, Criatura, Cuchara y Bibí; el pequeño Fernando y sus paradas de manos; Meche, la pequeña contorsionista; Silvia, la reina del mambo; Mario y sus malabaristas y Campos, el trapecista.

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