Ir al contenido principal

El día que repicaron las campanas


La llegada e instalación de las nuevas campanas de la capilla de la plaza, no pudo pasar inadvertida. Yo recuerdo en los oídos infantiles el repicar de esas sagradas campanas que anunciaban muertes de vecinos, incendios fatales, rezos y eucaristías. 

Sus tañidos resultan imposibles de olvidar en medio del silencio de un pueblo nevado y vacío. Esas campanas  fueron solemnemente consagradas el 14 de mayo de 1942, día de la Ascensión del Señor a las 10 horas en la primera y antigua capilla que aún prevalece físicamente al lado de la catedral actual, la de Nuestra Señora de los Dolores. Quienes asistían a dicha ceremonia eran nombrados Padrinos espirituales y obviamente el pequeño espacio de la capilla no pudo albergar a tanta gente.

En el Coyhaique de los cincuenta difícilmente podrían quedar excluidos de las evocaciones aquellos movimientos de intención para armar las cosas, en medio de una florida agrupación de voluntades.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Heraclio del Campo, un verdadero caballero de nuestras fundaciones.

Una de las primeras experiencias comunicativas que me ha correspondido producir en mis intentos de proyectar los sucesos de nuestras aisladas historias comunitarias, ha  estado relacionada con los  minuciosos detalles de la fundación de Coyhaique, para lo cual he consultado gran cantidad de fuentes, y me he contactado con sus arranques y nacimientos, pudiendo interpretar generosamente en un vuelo alto y sincero, todos estos acontecimientos que nos unen. 

Manuel Regular, tropero viejo de la Patagonia

Juan Manuel Regular apareció por primera vez en la vida dentro de una imagen de hombre tratando de aquietar unos caballos en el predio de Feliciano Echevarría viejo. Luego me contaron sobre él como si fuera una persona muy acreditada y extremadamente admirable, como tropero de confianza del distinguido pionero. Al año siguiente de haberlo descubierto en las fotos, en la panadería de don Chano de la calle Bilbao, le fui a conocer a su casa alentado por su hijo que nos escuchaba en los programas gauchos de la radio. Vivía en calle Brasil, población Marchant. Y me contó su vida de un solo tirón.

Vaga una cárcel de palabras acalladas

Vaga una cárcel de palabras acalladas, vientos breves por los que se filtra la vida misma. Me encuentro en un año 56 transido por el invierno vehemente y los obreros municipales tratando inútilmente de volver a parar postes de alumbrado caídos por las últimas nevazones. Bajo dos metros de nieve blanda yacen enterrados seis postes en Ignacio Serrano esquina Bilbao. La gente que transita por ahí lo hace con mucha precaución, en silencio, transidos de presagios. Algunos pasan fumando, se levanta el vaho de la boca por el aire frío.