Ir al contenido principal

Olor a carne asada y polvo con ventolera




BAQUEDANO EN 1933. Si se fijan casi todas las casas son parecidas, misma mano de los carpinteros chilotes, misma forma de encarar el nacimiento. La enorme actividad social convoca varios afuerinos de Balmaceda, Ibañez, Valle Simpson y...Argentina. El ambiente festivo permite reflexionar sobre la unidad. Hay jolgorio, olor a carne asada y polvo con ventolera, semilla de los inicios, integración y camiseta puesta, aunque se dependa de los administradores ingleses.

Coyhaique eran los carros con bueyes y las cerezas rojas del verano. También esas pensiones con palenques en algunas esquinas, sus calles recién formándose, las barriadas por el ir y venir de pasos sin ninguna prisa.

Se sumaban a ello los aviones, nuestros cercados, los gansos por la tarde del verano, todas las fiestas de cumpleaños y el eterno sobrecaer de millones de copos de nieve.

Eso fue entrando en nosotros como una golondrina sola que empieza a querer viajar sin condiciones.

 


Comentarios

  1. Maravilloso este "sobrecaer", el recuerdo del niño y la magia de esos suaves años de niñez.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Vida, pasión y muerte del doctor Alejandro Gutiérrez

Gloria y Alejandro Gutiérrez Andrade parecen pertenecer ya a un suelto de olvidos del Coyhaique solo, montaña arriba por sitios que hoy están plagados de calles y tejidos urbanos de grandes dimensiones. Ella nació en Quirihue, cuando su padre se manejaba por esos lugares, antes de que fuera Director del Hospital Siquiátrico de Santiago. Su padre era médico y se llamaba Alejandro Gutiérrez.

Quién puso ese jeep ahí!!

Quién puso al medio de la calle ese jeep! Las costumbres de la primera época de 1954, cuando Coyhaique iba creciendo con la construcción de casas, servicios públicos y la gente se esmeraba en quedarse escondida detrás de las cocinas a leña, esperando que escampen las nevadas. Era un canto de gloria, una sensación distinta a hoy, un camino hacia ninguna parte que sólo aguantaban los valientes. En esa esquina, la librería Mackay, la librería Casas, que eran la misma librería, en la esquina de Condell, frente a la plaza.Más allá, la casa de la arquitectura y pareciera verse al costado la recordada casa de la subdelegación. Y entre todo eso, los arbolitos y sus guías de palos con forma triangular. El vehículo era de don Salvador Hernáez.