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Ese ser tan especial que levantó la escuelita para su pueblo

Vestigios del pasado......Don Pablo Cea Vásquez. Con tan solo 22 años llego a la región desde su Paillaco natal junto a su hermano Luis Armando Cea buscando nue vos rumbos, persiguiendo sueños o tal olvidando malos recuerdos como la pena que le causó perder a su hermano mellizo José Victoriano cuando tenia solo cinco años, seguramente su padre dn Juan Pablo Cea Baldevenito y su madre Emilia Vásquez Montero con el pecho compungido le desearon la mejor de las suertes. 

El tío locutor Anselmo Verdugo Luengo

Era muy cercano a mi familia y nos tratábamos así con los Alonso. La tía Olga Alonso y él se casaron, estuvimos cerca de ellos todo el tiempo, para los primeros paseos, el pololeo, la llegada de la madre del novio desde Punta Arenas, la fiesta, los regalos, la ceremonia, los dos días de asados y jolgorios en el galón grande de don David, en la misma casa azul frente al Supermercado Alonso. Había mucha gente, muchos amigos, éramos niños.

De Baquedano a Balmaceda

En 1937 hubo gente campera que también había empezado a recorrer el sendero que llegaba hasta Balmaceda, pasando por la pampa del corral después de haber salido de Puerto Aysén, la capital. Por los trayectos intrincados se iba dibujando una senda angosta e interminable, seguramente abierta a machete por los mismos lugareños a unos 50 kilómetros a la redonda, los que transitaban por ahí para alcanzar en unas dos semanas la frontera. A través de esa senda se desplazaban también los peones y la gente que iba desembarcando de los viejos vapores para ir a conchabarse con patrones que les daban ocupación en faenas de esquila, marcaciones o tropas.

El reino de Mascareño

Gran personaje de novela, de crónica, de cuento, de dramaturgia. Intenso carácter, una figura necesaria para todo escritor.

El nacimiento, darle no más, hasta que duela

Cuando se hablaba de las armazones, no quedaba otra cosa que pensar en cómo se organizan los hombres en torno a una ciudad recién parida, algo así como la organización de sus operaciones para que pueda funcionar de acuerdo a un plan. ¿Se imaginan una ciudad sin planes? Es como escucharse respirar, en buenas cuentas, como lanzarse al mero acto de permanecer, si me permiten el mexicanismo. Y una ciudad que sólo permanece, es lo mismo que una ciudad sin futuro. ¿Tal vez Balmaceda..?

Matrimonio Valentín Oporto, Margarita Orellana, en plena pampa argentina cerca de Balmaceda

Margarita Oporto, radicada en Catamarca, nos comenta importantes detalles sobre esta foto, cuya información hay que rectificar. La pareja de la derecha y la mujer a la izquierda es Rosario Orellana, tía de Margarita a la que nombran mas adelante como partera. El año es 1914. El casorio es Oporto Orellana. La mujer a la izquierda de la foto es Margarita Orellana. A su lado está su padre David Orellana que la toma del hombro. El detalle se puede corroborar con otra foto parecida del mismo tema donde se ve a don David Oerellana y su hija Margarita, con los mismos ropajes pero un poco más acicalados, ya que en la anterior reflejan el ajetreo de la travesía que hicieron para trasladarse hasta el casorio.

El "Rubio de la Pera", un peón maleado

Corrían esos años difíciles de la primer historia de las comunidades iniciales, cuando don Cordero viejo de la Ensenada se hizo muy amigo de Guillermo Cisternas Lobos, ese mozalbete que andaba por ahí vendiendo cosas, sirviendo a la gente y, sobre todo, tratando de aprovecharse del menor descuido para apropiarse de lo ajeno. De la boca de Pancho Cordero salieron estas contadas un poco temerosas pero igual agalludas y sin remilgos, para ir al encuentro de las luces que dejaban cada uno de los actos que emergían de la voluntad del rubio, un rubio de barba bermeja y recortada, mejor conocido como el rubio de la pera, un obrero, un hombre rechoncho y de baja estatura, petiso, membrudo, cuya mejor particularidad, y ya que nadie la tenía en todo el territorio, era lucir una barba rubia oscura, de un color medio anaranjado que a todos llamaba la atención.